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No puedo
Estoy harta del pensamiento políticamente correcto. De la libertad que termina en cuanto tu opinión no casa con la corrección política. De que haya que definirse por una tendencia política y que sea ésta la que marque qué debes pensar con respecto a todo. Y de que, si difieres mínimamente en alguno de esos puntos, se te mire como un traidor fascista o un traidor rojo.
Me cansa que, si opinas favorablemente sobre X tema, tu interlocutor dé por hecho que entonces sabe qué opinas del resto de temas “oficiales”. Me molesta que esa libertad de expresión, de ideología, de creencias que tantas bocas llena no sea más que una falacia en cuanto se tocan los temas candentes, verdaderos baluartes ideológicos de los partidos políticos. Me asquea que los programas políticos se hagan por opuestos y que tomen como argumentos que los definan la defensa o ataque de temas que, en realidad, deberían ser defendidos o atacados por cada uno de los ciudadanos después de un cuidadoso estudio, de un análisis concienzudo, y no dejándose llevar por la opinión mayoritaria, o siguiendo el credo del partido sin pararse a analizarlo, o por haber hecho caso a la magnífica objetividad informativa de los medios.
Pero sobre todo me puede que los ciudadanos de a pie, ésos que se supone que tienen el poder de cambiar las cosas con sus votos (qué risa), sean los primeros en alimentar esta absurda situación, entrando en el juego para defender con todo ahínco ideas que ni siquiera son suyas, pensamientos que no son más que basura política, defendiendo falsas verdades que, por supuesto, los mantendrán bien ocupados y entretenidos, impidiéndoles, por un lado, ser capaces de elaborar sus propias opiniones (qué peligroso sería eso) y, por otro, darse cuenta de hasta qué punto son marionetas de usar y tirar del sistema.
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Despilfarro relativo
La dirección general de policía y la Guardia Civil, que dependen del Ministerio del Interior, recomiendan a los agentes una serie de medidas para reducir gastos, que para eso estamos en crisis.
Y es que, claro, es preferible y entra dentro de toda lógica pedirle a los guardias que dejen de hacer controles de alcoholemia a diestro y a siniestro y se centren en los que van dando tumbos antes que bajarle siquiera un poquito los sueldos a los diputados. Ya se sabe que los señores políticos salvan vidas mientras que los controles estos son un poco inútiles y, sobre todo, carísimos.
Por supuesto, también es de sentido común que los señores que patrullan las carreteras dejen de ir luciendo cuatro por cuatro y se conformen con unos prácticos turismos, que gastan menos. Claro que diputados, ministros y demás chusma política no deben, ni por asomo, renunciar a sus flamantes y carísimos coches oficiales, con chófer incluido, cuando no directamente a helicópteros o aviones personales. Y es que un guardia civil, todo el mundo lo sabe, lo único que hace es pasearse por las carreteras haciendo turismo nacional, gastando gasolina inútilmente y vacilando de cochazo. Nada que ver con los políticos entregados, consagrados a la nación, que arriesgan diariamente sus vidas en pro de los españoles en sus idas y venidas del congreso y al parlamento.
Y, por favor, que en vez de tanta llamadita por teléfono a los compañeros contándose naderías, mejor opten por un sencillo y económico mensajito, breve, conciso y efectivo, que en esta profesión los detalles no son importantes. Así ahorraremos para poder pagarle a los miembros del gobierno y a sus acólitos sus viajes al extranjero para reunirse con otros cantamañanas como ellos, que sí que necesitan tiempo y espacio para solucionar el mundo.
Lo dicho, el despilfarro siempre es relativo.
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Experimentos humanitarios
El otro día estaba con unos amigos y una de ellas nos contó que había oído en las noticias suizas que en el CERN había habido un escape (o como quiera que se llame a lo que pueda pasar allí). Uno de los que estaba con nosotros dijo, medio en broma medio en serio, que es que en Europa estábamos tontos, que el CERN, en vez de haberlo construido en el corazón de Europa, tendría que estar en cualquier país perdido de África o similar. Así, de producirse un accidente, los europeos estaríamos a salvo.
Me he acordado de esto porque he leído en uno de los suplementos dominicales que se ha elegido la Isla de Palaos, en las Filipinas, como lugar en el que llevar a cabo un experimento para aprovechar la energía solar. Se hace allí, dicen, porque como sólo viven unas veinte mil personas en esa isla, se puede empezar a pequeña escala. Y, claro, por supuesto, todos están de acuerdo en que esa, y sólo esa, es la razón por la que un proyecto experimental cuyo objetivo es enviar microondas desde el espacio a la Tierra, se lleve a cabo en una isla perdida en el Pacífico. Y supongo que a los habitantes de la isla les habrán dicho que su calidad de vida va a mejorar sensiblemente y a los gobernadores les habrán untado a base de dinero y, encima, venderán el experimento como un proyecto humanitario.
Y si pasa algo, que pase allí. Con suerte, los periódicos le dedicarán una línea y punto. Y, mientras, en Europa seguiremos como si nada, disfrutando de mil y un avances de todo tipo que a saber dónde y a costa de quien se han conseguido. Pero, ya se sabe, los derechos humanos son sólo para quienes puedan pagarlos.
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Cosmovisiones
En la cosmovisión hebrea, los nombres son importantes. Hasta tal punto que lo que no se nombra, directamente no existe (recordad, por ejemplo, en el libro de Génesis, como Dios crea con la palabra, nombrando). Pues bien, estoy a punto de pensar que esa forma de entender el mundo no es sólo propia de los hebreos, sino también de los españoles.
Veo las noticias, y no dejan de hablar de catástrofes naturales por doquier: lluvias que anegan pueblos y hacen caer montañas, nieve como no se había visto en décadas, o fuertes terremotos, a razón casi de uno al mes. Y esto, porque nos lo cuentan, pero imaginemos todo aquello que no aparece en periódicos ni telediarios: desaparición de bosques y de especies animales; subida del nivel del mar; destrucción de ecosistemas… La agonía del mundo.
Pero está claro que lo que no se nombra, no es. Si no se habla de todas las desgracias que diariamente acontecen en el mundo (y no me refiero sólo a los desastres naturales), directamente no existen. Podemos dormir en paz. Pero, además, si no nos preguntamos el porqué de las desdichas que sí se nombran, estamos en las mismas. La conciencia se queda tranquila porque, si llueve más de la cuenta, y nos quedamos sólo en el hecho sin más, sin buscar las causas y, no sé si peor aún, sin prever las consecuencias, nadie es responsable. Es así, y punto, y no hay nada que se pueda hacer. O más bien, no queremos saber si hay algo que se pueda hacer porque no nos gusta que molesten nuestra aturdida conciencia. Nadie es más feliz que el ignorante.
Pero la realidad es que, aunque algo no se nombre, existe. Tiene un origen y tendrá unas consecuencias. Y, probablemente, para cuando queramos nombrarlo, sea demasiado tarde.
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Solidaridad limitada
Es difícil escribir sobre Haití desde la comodidad de la lejanía. Por eso, lo que voy a escribir ahora lo digo con plena conciencia de que para muchos no lleve razón y de que no tengo ninguna autoridad para hablar del tema. Pero esto es un blog donde escribo opiniones subjetivas. Tras esa cortina me escudo.
Quiero hablar de dos cosas. Una, lo terrible que me parece que un pasaporte pueda decidir tu vida o tu muerte. No es nada nuevo, lleva ocurriendo mucho tiempo, pero no deja de resultar espeluznante que vivamos en un mundo en el que un papel te dé la opción de montarte en una avión y dejar atrás la muerte, la destrucción y a millones de personas que tendrán que enfrentarse a ella porque su pasaporte no es español, francés o americano… No nos importan las personas en sí, sino los papeles que tengan.
La segunda, es que EEUU está inundando Haití de mensajes en los que advierte a la población de que ni se les ocurra emigrar a USA, ni pedir asilo ni protección, porque no lo van a obtener. En caso de cruzar la frontera, serán deportados a la base de Guantánamo. Una vez más, no quiero criticar a un país en concreto, sino al mundo en general. Es horrible pensar que, por mucho que hablemos de solidaridad con las víctimas y los pobres, ésta se acaba en cuando nos tocan la frontera. Esto vale tanto para Haití y EEUU como para las pateras que llegan a nuestras costas.
La deshumanización nos rodea. Hemos reducido a nuestro prójimo a una cifra, un pasaporte, quitándole cualquier derecho que desestabilice nuestro sistema. Un sistema en el que lo que menos importa son los seres humanos. Entiendo que el mundo en el que vivimos funciona así, pero eso no es una excusa válida.
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El ejército, las flores del campo y otras historias
Tengo dos noticias esta semana. Ha habido muchas más, pero estas dos son dignas de mención, comentario y publicación crítica.
La primera:
La nueva formación del ejército patrio incluye, por un lado, una mayor preparación en lucha callejera en zonas destruidas y, por otro, una fuerte concienciación sobre la importancia de la protección del medio ambiente. Me parto. O no. Para que nos entendamos, España entra en guerra, o manda sus tropas a la Conchinchina porque es de vital importancia que nos luzcamos allí, y el ejército tiene permitido arramblar con una ciudad entera, incluyendo habitantes humanos, pero ¡cuidado! ¡Que ni se les ocurra pisar el césped!
La segunda:
El ministro de no sé qué, que el pobre seguramente cobrará una miseria, conminó ayer a los controladores aéreos a que se plantearan la elevadísima suma de dinero que se les cada mes por realizar su trabajo, que las cosas están muy mal. Pues vale. Volvemos a la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio. Los controladores aéreos cobran un dineral, es cierto. Y, claro, el ministro está en su pleno derecho de echárselo en cara porque ellos, pobres, tiene un sueldo ridículo y, encima, antes de abroncar a los controladores, dio ejemplo bajándose su propio sueldo y el de todos los que le rodean en el gobierno.
Juzguen ustedes.
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Periodismo objetivo
“No sólo en África hay niños soldado”. Ese es el título de un reportaje fotográfico que trae este fin de semana uno de los suplementos de los periódicos. Son varias fotos en las que aparecen pulcros niños americanos recibiendo instrucción militar en un pulcro y cuidado campamento militar, con pulcros uniformes, pulcros campos de césped bien cortado, pulcros materiales de instrucción y pulcros sacos de dormir. Son niños bien a los que sus familias pagan campamentos en el que aprenden disciplina, respeto, limpieza, hacen amigos y se lo pasan pipa antes de volver con sus papás a su rutina diaria.
El reportaje es patético por dos razones fundamentales:
La primera, porque es totalmente inhumano, hiriente, de humor negro, comparar a estos niños y sus simulacro de instrucción militar de pacotilla con los verdaderos niños soldado, víctimas y asesinos, torturados, obligados a masacrar a sus propias familias, esclavizados, utilizados y abandonados como perros, a los que se les roba hasta la última gota de humanidad para convertirlos en letales armas sin un atisbo de compasión.
La segunda, porque estamos empeñados en demonizar todo lo que tenga que ver con Estados Unidos, empeñados en colgarles el sambenito de ser lo peor de la humanidad, empeñados en ver la paja en el ojo ajeno sin darnos cuenta de la viga que ciega el nuestro…Y en este reportaje lo han hecho de un modo rastrero, subjetivo y partidista, siguiendo con la técnica de lavado de cerebro que hoy en día está tan de moda en los medios de comunicación.
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Pues que opinen
La Iglesia Católica presiona a los políticos amenazándoles con la excomunión si votan a favor del aborto. La gente se lleva las manos a la cabeza porque Roma se mete en política y los políticos acusan a la Iglesia de crímenes pasados y presentes.
Pues por mí, que la Santa Madre Iglesia opine cuanto quiera. Me parece muy bien. Que presione, amenace, intente convencer y patalee. Además de que está en su derecho, nos guste o no y haya hecho lo que haya hecho en el pasado o en el presente, la Iglesia Católica parece ser la única que tiene el poder de enfrentarse a los políticos, tan todopoderosos, intocables y democráticos ellos.
Ni soy católica ni me gustaría lo más mínimo que la Iglesia volviera a tener el poder que tuvo hasta hace dos días, pero visto que el común de los mortales pasamos olímpicamente de lo que decidan nuestros políticos, me parece genial que alguien dé guerra. Incluso si son obispos.
Pero lo que sí me tiene un poco mosca es que el único tema que levante la santa ira sea el aborto, como si la vida de quien aún no ha nacido fuera más importante que la de los millones que estamos aquí vivitos y coleando, sufriendo todo tipo de males. Si la vida es tan importante para ellos, que se ocupen más de que los que ya están aquí tengan una vida digna.
Además, más caso se les haría y otro gallo cantaría si se dedicaran más a fondo a buscar soluciones a cualquier otro asunto que tenga que ver con los problemas vitales de la gente aquí y ahora. Sin quieren, hacemos una lista.
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Noticias importantes
El otro día estaba comiendo en casa de una amiga mientras veíamos el telediario. No tengo tele y desde que no la veo, mi afán consumista ha descendido de forma espectacular, y muchas de mis necesidades ya no existen. Para informarme de cómo va el mundo sólo tengo que leer los periódicos y así, por lo menos, puedo permitirme el lujo de elegir las noticias, los enfoques, la ideología, etc., e, incluso, de leer la misma noticia desde diferentes puntos de vista. Es sorprendente lo que puede llegar a cambiar…
Volviendo al hilo, a pesar de llevar varios meses sin ver las noticias, eran las mismas de siempre. Entonces la presentadora anunció una pausa e introdujo, a modo de gancho, el tema del que se hablaría después. A saber: una tienda de no sé qué ciudad española hacía muñecas al estilo Barbie, pero representando en ellas las fantasías más obscenas y recónditas del cliente. Mostraron algunas de ellas para dejar claro el producto y la creadora alabó su obra. Todo esto con un claro tono de “Fíjense lo que hay por ahí”, claro, para que nadie les pueda acusar de que están de acuerdo con la idea. Pero el caso es que la publicidad estaba hecha. Publicidad gratuita en pleno telediario, máxima audiencia y en una cadena de las “grandes”.
Ya sabemos que, hoy en día, lo menos frecuente en un telediario es que aparezcan noticias verdaderamente importantes, y entiendo que se acercan las Navidades y que nos tienen que recordar nuestra necesidad de consumir. Pero lo que no entiendo es que habiendo miles de millones de productos que están ansiosos por ser publicitados, muchos de los cuales son además beneficiosos, sanos y aptos para todos los públicos o, al menos, inocentes, tengan que sacar y publicitar precisamente el más pornográfico y morboso.
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Un Nobel para todos
Quiero que me den el Premio Nobel de las Letras. A mí, por supuesto. Yo qué sé, oye, qué lo mismo me lo dan. ¿Que qué he hecho? Hombre, por ahora, no mucho, acabo de empezar con este blog y poco más, pero seguro que, si me lo dan así, a crédito y por adelantado, teniendo fe en mis posibilidades, de aquí a cuatro años le demuestro al mundo que me lo merecía.
Digo, como parece que las normas de concesión de estos premios han cambiado, y ahora no te los dan por tus méritos pasados, sino por tus posibilidades de futuro, y por la esperanza que el mundo pone en ti para que lo logres, pues yo me apunto. Qué pasa. Son cerca de un millón de euros lo que te dan, nada despreciable. Y, por supuesto, la publicidad que voy a obtener me va a abrir muchas puertas para conseguir mis objetivos.
También le voy a decir a mi hermano, ingeniero en ciernes, que se presente al de la Ciencia. Por lo mismo. Hay que tener fe en nosotros. Y a su novia, diseñadora, probablemente le darían el de las Artes. Por probar… Como ahora parece que los premios se los dan a cualquiera… Total, sólo hay que tener esperanza en que, en un futuro, cumpliremos por todo lo alto. Ahora mismo sólo importa demostrar que vamos encaminados…
No, que va, por el currículum no me preocupo, ya tendré tiempo de ir engordándolo. Lo importante es que me lo den, que tengan fe en mis grandes dotes y en la futura labor que voy a desarrollar teniendo en cuenta lo que llevo hecho hasta ahora.
Pues eso… ¿Dónde tengo que preguntar para apuntarme?
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