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sinparar
Al empezar mi día "hoy sí escribo" y al irme a la cama "ya no escribí otra vez". El blog se convierte en lo último cuando inicia el curso escolar. Que hay que entregar los útiles e ir a conocer a las maestras que ahora hay que forrar los libros que entrega gratuitamente el sistema educativo que ahora quiero ir a clases de baile árabe y yo quiero retomar el piano así que llamo para revisar horarios y costos que si quiere puede asistir a una clase para ver si le gusta que hay que hacerle una evaluación para ver si continúa en el nivel que se quedó que el martes mi hermana que vive en otra ciudad me avisó que llega el jueves y que se queda hasta el domingo para celebrar su cumpleaños que le organizo una cena el viernes porque el sábado ya tengo un compromiso que tengo que comprar lo de la cena y un regalo para mi hermana que de una vez preparo el pastel de zanahoria
que me urge cortarme el pelo y que mejor voy de una vez ya que estoy aquí por favor depílame las cejas ya se me hizo tardísimo apenas llego por los niños que te acuerdas mami que nos prometiste que el viernes íbamos al centro comercial a buscar el juego de mesa que queremos y que aprovechamos para comer ahí mismo que regreso rápido y me pongo a cocinar para la cena lavo las fresas y las lechugas cocino el pollo hago el betún y decoro el pastel alisto los platones con las botanas pongo la mesa que qué bonito el comedor nuevo
que hablando del comedor nuevo ya no quiero que los niños hagan sus deberes ahí que entonces sugiere mi marido compremos unos escritorios para cada una de sus habitaciones que venga alguien a ayudarme a armarlos
que mi hijo mayor está creciendo y se pone a filosofar en las noches que le entran las dudas existenciales que si su compañera ya no le habla que si la vida sólo se vive una vez y lo bonito que ha vivido ya no lo vivirá y que los errores que ha cometido ya no los podrá remediar que no quiere que me lleve el escritorio viejo el cual no usa hace años porque simplemente es muy pequeño porque quiere guardarlo para sus hijos que me levanto temprano el sábado porque tengo que lavar los uniformes y hacer un pay de limón que voy a llevar a la comida en casa de la tía lourdes que el domingo visitamos a una amiga que está en el hospital y que regresamos a recoger los colchones que habíamos puesto para hospedar a mi hermana que niños métanse a bañar y vamos a cenar y a dormirnos temprano porque mañana es lunes otra vez
Y es por eso que el blog se convierte en lo último cuando inicia el curso escolar.
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La Casita en el Árbol
Una de las razones por las cuales decidimos comprar la casa donde vivimos, es porque en lo alto del árbol que está en el jardín, construyeron una casita. En ese entonces nuestros hijos tenían siete y cinco años, así que la casita en el árbol fue toda una novedad.
Cubrimos las paredes interiores con madera, pusimos piso de vynil, hicimos dibujos para decorarla, reconstruimos la escalera y mi madre confeccionó unas cortinas.
Con los años, la casita ha dejado de ser novedad y los niños sólo se suben cuando vienen sus amigos.
Ayer fue el cumpleaños de la Princesa y para festejarla estamos organizando una fiesta de pijamas para el próximo viernes. Como seguramente las invitadas querrán pasar tiempo en la casita, hoy subí a limpiarla después de mucho tiempo de no hacerlo.
A simple vista y olfato se notaba que ha sido el refugio de uno o varios gatos; tanto el piso de vynil como las cortinas estaban ya muy maltratados, así que la mejor decisión fue quitarlos. La enredadera que va por la cerca del jardín ya había invadido los muros interiores y por todos los recovecos del techo iba y venía una nutrida hilera de hormigas.
Lo primero que hice fue fumigar, ya después me puse a barrer, a quitar telarañas y cadáveres de hormigas con la escoba. Con la manguera lavé la mesa y el par de sillitas que forman el mobiliario de la arbórea vivienda. Por la ventana arrojé el piso de vynilo y las mugrientas cortinas.
Después hice una mezcla de limpiador de pino con otro limpiador que contiene repelente para insectos y limpie pisos y paredes.
Para finalizar, nuevamente apliqué insecticida en todas las ranuras de la madera.
Terminé sudando, acalorada y mugrosa. Sentía arañas y hormigas caminando por mi cabello y por todo mi cuerpo. Así que inmediatamente tomé una ducha.
Casita del árbol: ¡lista! Me falta hacer el pastel y dejar todo listo para que el viernes por la noche nuestras invitadas hagan pizzas, horneen galletas, pinten un bote para lápices y vean una película. ¿Alguien más quiere venir?
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De vuelta a la rutina
¡Qué difícil es retomar la rutina después de haber vacacionado!
Nosotros estuvimos ocho días fuera, en la playa y llegamos ya hace una semana. Pasé tres días seguidos lavando, planchando y doblando ropa. Hasta el viernes pude preparar una comida en forma y aún hoy no puedo terminar de agarrar el ritmo.
Eso sin tomar en cuenta quiero bajar los dos kilos que he subido en estas vacaciones y que el viernes tendré una fiesta de pijamas con siete niñas para celebrar el cumpleaños de mi hija.
Los niños regresan a clases hasta la próxima semana, así que es un descanso saber que aún tengo ésta para seguir acoplándome; aunque definitivamente pienso que hay ocasiones en las que soy muy exigente conmigo misma, en la que me pongo altas metas que cumplir cada día. Pensando en todos los pendientes que debo resolver, solamente consigo agobiarme y ponerme de mal humor.
Así que respiro hondo y suelto mis afanes. Me enfoco en el momento presente y hago lo que puedo hacer, sin querer abarcar mucho, ni terminar en un solo día lo que no hice durante ocho días de ausencia.
Corrí por mi ejemplar de "Hasta las Mamás Merecen Descanso" y releí algunas frases para evitar la locura del regreso a la rutina:
"Mientras más ocupadas estemos menos capaces seremos de saborear los aspectos sencillos de la maternidad (y de nosotras mismas) que tanta alegría nos producen."
"Sólo piensa en el regalo que recibirán tus hijos de esta forma: ver que te separas del estrés de tu día de trabajo conscientemente les enseñará maneras de enfrentarse a las tensiones de su propia vida."
"Renunciar a la perfección hace todo mucho más fácil."
Así que hice una pausa para venir a platicar con ustedes, pues ya hace quince días que no pasábamos un tiempo juntas. ¿Qué hicieron en estos días? ¿Salieron de vacaciones? ¿A dónde fueron? ¿Qué hacen ustedes para que sea más sencillo retomar la rutina?
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Pastel de Avena
Hicimos este pastel la semana pasada. Queda muy bueno y con un sabor muy original. ¡Disfruten!
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1/2 taza de mantequilla, suavizada
2 huevos a temperatura ambiente
1 taza de hojuelas de avena
2 tazas de harina
2 cucharaditas de polvo para hornear
3/4 cucharadita de canela molida
1/2 cucharadita de bicarbonato
1/4 cucharadita de nuez moscada molida
3/4 taza de azúcar
1/2 taza de azúcar moscabado
1 cucharadita de vainilla
cobertura asada de nueces (receta más abajo)
Engrasa y enharina un molde redondo. Vierte 1 1/4 de tazas de agua hirviendo sobre las hojuelas de avena y deja reposar por 20 minutos. Mezcla la harina, el polvo de hornear, la canela, el bicarbonato, 1/2 cucharadita de sal y la nuez moscada.
Aparte, en un tazón grande, bate la mantequilla con batidora eléctrica a velocidad alta por 30 segundos. Añade el azúcar, el azúcar moscabado y la vainilla. Añade los huevos uno por uno. Alternadamente agrega la mezcla de harina y la de avena, batiendo a velocidad baja hasta que quede completamente incorporado.
Vierte la masa en el molde. Hornea a 180°C por 45 minutos.
Deja enfriar sobre una rejilla de alambre dentro del molde por 20 minutos, desmolda y deja enfriar por una hora más.
Pon el pastel sobre una charola de hornear y úntalo con la cobertura. Pon en el asador, a unos ocho centímetros del fuego, por 2 ó 3 minutos o hasta que la cobertura esté burbujeante y dorada. Deja enfriar antes de servir.
COBERTURA ASADA DE NUECES
En una cacerola mediana mezcla 1/4 de taza de mantequilla y 2 cucharadas de nata (crema). Cocina y mueve hasta que la mantequilla se derrita. Añade 1/2 taza de azúcar moscabado, mueve hasta que se disuelva. Retira del fuego y añade 3/4 de taza de nueces pecanas picadas y 1/3 de taza de coco rallado.
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Tratado sobre una Mujer Mantenida (parte 6)
¿Que los quehaceres en la casa nunca terminan y nadie los valora? Puede ser, sin embargo en este aspecto también es ingrediente imprescindible mi actitud. Si de todos modos tengo que lavar la ropa, ordenar las habitaciones y hacer la comida, prefiero hacerlo con alegría y amor, involucrando a mi familia en las diversas tareas, enseñándoles a trabajar en equipo y a estar dispuestos a ayudar.
¿Que la crianza de los hijos puede tornarse monótona y aburrida? Ciertamente, sobretodo cuando son muy pequeños; pero esa etapa dura un parpadeo; cuando menos me di cuenta, mis hijos habían crecido y requerían menos asistencia de mi parte.
He podido entonces excavar en mi interior para reencontrar esos sueños que había enterrado, desempolvar dones y talentos que nunca dejé de tener pero que durante años usé de otra manera.
La verdad que las amas de casa actuales tenemos muchas herramientas para seguir creciendo y aprendiendo, para contactar el mundo exterior y distraernos. Estudiar a distancia por Internet, escribirle un e-mail a mi amiga que vive del otro lado del océano y ver en facebook las fotografías de su familia. Buscar recetas nuevas en las innumerables páginas de cocina, interactuar con otras madres a través de los foros destinados para compartir dudas y buenos consejos y hasta escribir un blog para desahogarme y transmitir lo aprendido. ¡Somos una generación de “mantenidas” privilegiadas!
Y más allá de ser una “mantenida” porque no salgo a trabajar ni genero un ingreso económico para mi familia, soy una mujer “mantenida” porque Dios sostiene mi vida en Sus manos. Él me sustenta, Él me da paz; no me ha dejado, no me deja, ni me dejará. Sé que antes de confiar en el hombre que amo, puedo y debo confiar en mi Creador, porque Él es el único que no miente ni falla, el único que mantiene mi vida y me mantiene en Su camino.
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Tratado sobre una Mujer Mantenida (parte 5)
Descubro que soy una mujer realizada cuando cada noche mi esposo anhela regresar a casa, cuando me saluda con un beso amoroso, cuando constato que soy su mejor amiga mientras me platica todos los pormenores de su día.
Soy una mujer realizada cuando él propicia que tengamos tiempo de pareja, cuando después de casi catorce años de matrimonio, me dice que soy la mujer más hermosa del mundo, cuando me desea, cuando sé que encuentra en casa todo lo que necesita y no tiene que salir a buscarlo allá afuera.
Encuentro mi realización en los momentos en los que él interactúa con nuestros hijos, siendo un padre presente, que juega con ellos, que platica con ellos, que les dice y les demuestra constantemente que son especiales, que los ama y que está ahí para ellos.
Es ahí donde está mi realización.
¿Aburrida, frustrada, qué flojera? ¡No! Porque estoy convencida que es ahí donde entra la actitud y disposición de cada mujer.
Yo disfruto ser una “mantenida” porque lo he decidido, porque tengo la convicción de que Dios ha puesto en mis manos vidas humanas, material eterno. Dios ha confiado en mí para transmitir Su aliento de vida, Su amor, Su cuidado, Su entrega. Tengo un tesoro invaluable: personas, corazones que necesitan la palabra de Dios, que necesitan escuchar de mis labios lo que Él dice de ellos, que necesitan saber que el Cristo que vive en mí también vive en ellos y es Quien nos da la sabiduría, la fortaleza, el gozo, la humildad, la templanza, la paciencia, la mansedumbre, la bondad y el amor para realizar el trabajo que a cada uno nos corresponde para ser una familia madura y en consecuencia una familia feliz; una familia que abre sus puertas y acoge a otros que en este mundo adverso, necesitan conocer a Dios, a un Dios real, vivo y actual.
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Tratado sobre una Mujer Mantenida (parte 4)
… Y entonces reencuentro mi realización y mi satisfacción. Porque yo también llevo a cabo un trabajo, un trabajo que tiene que ver con la vida: generarla e inspirarla.
Mi realización está en los abrazos y los besos de mis hijos, en sus carcajadas y aún en sus discusiones.
Mi realización estuvo en el consultorio del pediatra cuando éste me dijo que mis hijos estaban creciendo adecuadamente. Estuvo cuando dieron sus primeros pasos o dijeron su primera palabra. Estuvo cuando por sí mismos se amarraron las agujetas, leyeron una palabra o hicieron los trazos de sus primeras letras.
Mi realización estuvo cuando recibieron un diploma por aprenderse un poema o cuando ganaron una medalla en el spelling bee.
Mi realización ha estado cuando juntos y sin mi ayuda preparan hot cakes, cuando no tengo que decirles una y mil veces que hagan los deberes, cuando nos reímos sin parar de una de sus ocurrencias, cuando me encuentro una notita que dice “eres la mejor mamá del mundo y le doy gracias a Dios por ti”, cuando mi hijo me cuenta de la niña que le gusta, cuando buscamos en you tube nuestras canciones favoritas para cantarlas juntos o cuando mi hija me dice que le gusta cuando su papá y su hermano se van al futbol porque así ella y yo podemos pasar tiempo “de niñas”.
Ahí encuentro mi satisfacción, porque todo eso significa que estoy haciendo mi trabajo y que lo estoy haciendo bien, cumpliendo con aquello que me ha sido encomendado.
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Tratado sobre una Mujer Mantenida (parte 3)
Porque me ha dado la posibilidad de ser yo el primer testigo del crecimiento y el desarrollo de nuestros hijos; porque me ha dado la ventaja de conocer esta faceta de mi feminidad que implica disfrutar de mi casa, de mi cocina, de mi familia, sabiendo que soy yo la que construye y edifica este hogar.
Es tan hermoso percibir que mis hijos saben que yo estoy ahí, que podemos platicar en el momento que ellos quieran, que puedo resolver sus dudas o que si no tengo la respuesta, podemos investigar juntos lo que ellos quieren aprender.
Me encanta percatarme de que mi esposo sabe que yo estoy ahí, pensando en él, preparando para él un oasis al que puede llegar a descansar, a reposar, a desahogarse, a aliviarse, a sosegarse, a serenarse, a ser –simplemente- él mismo.
Qué gratificante sentarnos en familia alrededor de la mesa, comer o cenar todos juntos, conversar, aprender unos de otros. Guiar a nuestros hijos e instruirlos en lo que Dios enseña, encaminarlos hacia el cumplimiento del propósito divino en sus vidas. Todo eso sólo puede darse en el día a día, en la cotidianeidad de la rutina, en la cercanía, sin prisas, sin carreras. Y eso podemos tenerlo cuando yo me quedo en la seguridad de mi casa, donde lo externo no me distrae ni me absorbe.
“¿Y tu realización?” Alguien podrá preguntar. Mi realización está en ese mismo lugar, en mi hogar. Quien ha dicho que una “mantenida” vive frustrada y no alcanza su realización, no ha sido una ama de casa con objetivos definidos. Sí, sí ha habido veces en que me he sentido frustrada y cansada, más que eso, agotada y aburrida; sin embargo, no tengo más que recordar porqué decidí quedarme en casa, porqué disfruto tanto ser esposa y madre…
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Tratado sobre una Mujer Mantenida (parte 2)
Y es que en la actualidad eso de ser ama de casa es mal visto. Hoy las mujeres estudian licenciaturas, maestrías y doctorados, ejercen puestos de alto mando en grandes y renombradas empresas y creen que están en una competencia enardecida con los hombres, queriendo demostrar que son tan o más capaces que ellos.
Actualmente si eres mujer y no tienes una profesión, eres una tonta; pero si la tienes y decides quedarte en casa, eres más tonta.
Y soy muy consciente de que vivo en un país en el que las oportunidades son escasísimas, un país en el que muchísimas mujeres tiene que salir de su casa a trabajar, pues un solo ingreso no es suficiente para el sostén de la familia, o porque el marido no tiene trabajo o porque ni siquiera existe un marido. Sin embargo, este no es un tratado social, ni una crítica a nuestro deteriorado sistema gubernamental; solamente hablo desde mi realidad, porque esa es la que vivo diariamente.
Sé de muchas mujeres, solteras y casadas, que están en la cumbre de su desarrollo profesional y laboral. Ellas mencionan que les daría mucha flojera ser “mantenidas”, que pronto se aburrirían de esa situación. Yo llevo once años de serlo y estoy muy lejos de morirme del tedio o del aburrimiento.
Para mí ser una mujer “mantenida” significa ser una mujer protegida.
Es así como me siento, es así como vivo. Mi esposo ha construido un cerco alrededor de mí, un cerco dentro del cual puedo moverme con libertad.
Una de las necesidades primordiales de la mujer es sentirse cuidada y vivir tranquila en la certidumbre de ese resguardo.
Vivo agradecida por la seguridad que mi esposo siempre me ha prodigado, porque me da la oportunidad de quedarme en casa mientras él sale a enfrentarse a un mundo áspero y hostil.
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Tratado sobre una Mujer Mantenida (parte 1)
Desde que me casé, soy una “mantenida”.
Aunque trabajaba fuera de casa como profesora de Inglés, el dinero que yo ganaba lo destinábamos al ahorro, fue un acuerdo al que llegamos mi esposo y yo. Así que el sueldo que yo recibía, nunca sirvió para pagar la renta, la despensa, el servicio de luz o del agua. Tampoco usé mi sueldo para comprarme ropa, zapatos o maquillaje, un libro o un CD que me gustara… todo, absolutamente todo lo que necesitaba para mi manutención y todo lo que no necesitaba pero quería, era sostenido por el salario de mi esposo.
Y eso que el inicio de nuestro matrimonio no fue fácil en el aspecto económico, ya que un par de meses antes de la boda mi esposo se quedó sin empleo; sin embargo, nunca nos faltó nada, pues Dios siempre nos ha tenido en Sus manos y ahí está nuestra fe.
Pronto encontró otra fuente de trabajo y poco a poco nuestra economía mejoró y se estabilizó, pero aún en los momentos más difíciles no tocamos el ingreso que yo recibía, continuamos guardándolo en el banco hasta que, llegado el momento, lo usamos para irnos de vacaciones.
Así que, indudablemente, desde que me casé he sido una mujer “mantenida”.
Años después decidimos tener un bebé, sin embargo, sufrí un aborto espontáneo. Cuando me embaracé otra vez decidimos que yo dejara de trabajar, no hasta que naciera el bebé, como antes habíamos acordado, sino desde el instante en que me enteré que estaba encinta.
En consecuencia, tengo once años en mi casa, dedicándome al hogar, siendo esposa y madre de tiempo completo. Hasta ahora no me he hartado de ello. Soy una mujer “mantenida” y soy feliz.
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