|
Lo insufrible de mi marido
El humor de mi esposo siempre ha sido negro y sarcástico. Las personas no se dan cuenta cuando está haciendo una broma, la gente cree a pie juntillas lo que él dice. Su suspicacia y sagacidad me encantan... así que no, su agudo sentido del humor no es insufrible.
En cuanto a viajes, es obsesivo. Planea nuestras vacaciones con absurda anticipación. Busca mapas, restaurantes, lugares de interés, hoteles, tarifas, renta de autos, transporte disponible. Esto podría ser insufrible, pero no, tampoco lo es, ya que cuando salimos de viaje me siento segura, no perdemos tiempo y sabemos exactamente qué y cómo hacerlo.
Maneja el dinero de manera excesivamente ordenada para el pago de impuestos, consulta de saldos, pago a tarjetas de crédito, gastos, ahorro... También esto podría ser insufrible, pero no lo es, porque gracias a eso tenemos una economía saludable que nos permite vivir tranquilamente y así darle mayor atención a las cosas que son realmente valiosas.
En casa, es un desastre. No tiene idea de dónde se guarda cada cosa, no le importa dejar su ropa en el perchero por varios días, ni dejar por meses en su buró un libro que ya terminó de leer. Para él es más importante descansar y ver una película juntos, que una cama tendida, un piso trapeado o un baño lavado. Y sí, eso también podría ser insufrible, pero no lo es.
Todas esas cosas podrían ser insufribles, pero no lo son, porque lo insoportable de una persona no está en ella misma, sino en los ojos de quien la mira. Hay muchas cosas que yo podría considerar insoportables de Insufrible: su sentido del humor, su obsesión por los viajes y el dinero, su desorden en casa... pero hace mucho tiempo que nada de eso me hace sentir incómoda. No es porque él haya cambiado, sino porque he aprendido a aceptar esas cosas, a vivir con ellas. Porque él respeta también mis manías, porque amamos, respetamos, cedemos, platicamos y negociamos.
Cuando salimos de casa mi marido da una vuelta que yo considero inútil. Para mí lo más sencillo es girar a la izquierda y luego a la derecha. Para él lo mejor es derecha, izquierda, izquierda. Cada vez que salimos y él conduce, da la vuelta "inútil" y eso sí que es insufrible.
Comentarios...
|
Respira...
“Desde el primer segundo en que la mayoría de las mujeres deja de hacer algo productivo, empieza la culpa. Te estás tomando un descanso, pero ¡deberías estar trabajando! ¿Por qué estás de floja? Deberías estar ocupada siempre con algo constructivo. Porque nos enseñaron a creer en eso. Buscamos un momentito por aquí y por allá, en espera de la gran recompensa en algún punto del camino: cuando los chicos se vayan a la universidad, cuando nuestra carrera exija menos o cuando ganemos la lotería y no tengamos que preocuparnos por el dinero.
Pero hay algo muy importante: tal vez nunca llegue la recompensa. Quizá nunca haya una época mágica en el futuro, libre de preocupaciones, para disfrutar momentos de paz sin culpa, porque no sobrevivirás a la maternidad sin resquebrajaduras. Este asunto es muy extraño: a veces ni siquiera te das cuenta de qué necesitas o qué quieres por estar tan ocupada. Y es que nos gusta estar ocupadas y sentirnos útiles […] Mientras más ocupadas estemos menos capaces seremos de saborear los aspectos sencillos de la maternidad (y de nosotras mismas) que tanta alegría nos producen.”
.
Siempre he dicho que la culpabilidad es parte del paquete de la maternidad; hay infinidad de aspectos por los cuales las madres nos sentimos culpables.
Es tan necesario que hagamos un alto en la rutina diaria, por salud física y mental. El estrés está de moda y no debería ser así.
Que sepamos que somos valiosas por lo que somos y no por lo que hacemos; que busquemos ser genuinas antes de ser eficaces; que conozcamos lo que Dios dice de nosotras para no buscar aprobación y valor en las distintas actividades y roles que desempeñamos día con día.
Comentarios...
|
Eligiendo batallas
Tengo una madre que todos los días que vivimos juntas se despertó para prepararme el desayuno. En preescolar y primaria porque yo era muy pequeña, en secundaria y preparatoria porque para mí era más importante peinarme que alimentarme; en la Universidad para que durmiera más después de desvelarme haciendo tareas; cuando empecé a trabajar y aún el día de mi boda, mi madre me preparó el desayuno.
Para mí, la idea de una buena madre, incluye que ésta se levante junto con sus hijos, les prepare el desayuno y los mande al colegio con un beso, una bendición y una sonrisa. Por lo menos, eso he intentado hacer casi todos los días desde hace seis años.
Cuando mis hijos eran pequeñitos les ayudaba a vestirse, les daba el desayuno, preparaba el refrigerio, les daba su beso y mi esposo los llevaba al colegio. La rutina no ha cambiado mucho, salvo porque ahora pueden vestirse por sí solos y porque me cuesta muchísimo lograr que se despierten.
Aún cuando se duermen a una hora adecuada, no hay poder que logre levantarlos a la primera. Los muevo mientras les doy los buenos días, les canto cancioncillas ridículas, me acuesto junto a ellos, los apachurro y cuando ya están despabilados, bajo a la cocina y desde ahí les grito ¿YA ESTÁN? ¿CÓMO VAN? ¡YA ESTÁ LISTO EL DESAYUNO! ¡NO SE VUELVAN A DORMIR! ¿QUÉ ESPERAN? ¡SE ESTÁ HACIENDO TARDE!
Nunca se hace tarde, vivimos a tres minutos del cole y no importa cuán tarde salgan, siempre llegan a tiempo y los dejan entrar. ¿Cómo se va a hacer tarde si yo siempre estoy atrás de ellos e insistiendo en que se despierten y se apuren? La única que se preocupa y termina agotada soy yo.
Así que el lunes, después de varios gritos, regaños y ¡¿CÓMO ES POSIBLE QUE TARDEN MÁS DE MEDIA HORA EN PONERSE EL UNIFORME?! Decidí no pelearme más con ellos. Por la tarde impuse las reglas: a partir de hoy van a poner sus relojes despertadores, ustedes son responsables de levantarse y vestirse; yo sólo les llamaré una vez y les avisaré una vez cuando el desayuno esté listo, todo lo demás es su responsabilidad, si no están listos para la hora que papi los lleva al colegio, no es mi problema.
Van dos días y ha funcionado bien. Ayer estaban entusiasmados con la novedad, hoy ya no tanto. Lo mejor de todo es que yo he empezado mis días en paz.
Comentarios...
|
Hijos irrepetibles, madres únicas
Continúo con las reflexiones a partir del libro “Hasta las Mamás Merecen descanso” de Susan Callahan, Ann Nollen y Katrin Schumann. Dice en la página 95:
“Nuestros hijos nos enseñan más de nosotras mismas de lo que podríamos aprender en toda la vida. Ponen en duda todo lo que pensamos que sabíamos de nuestra persona, de nuestra pareja o de la vida en general. En ocasiones tenemos éxito como maestras pacientes, llenas de recursos y consistentes ante nuestros hijos, pero a veces, fracasamos. En los buenos tiempos y en los no tan buenos se revela lo mejor y lo peor de nosotras mismas. Nuestros hijos nos aman por todo lo que somos: lo bueno, lo no tan bueno y lo malo.”
La más grande lección que me ha dejado la maternidad es que soy la madre perfecta para mis hijos. Cada vez que alguien me pregunta acerca de la maternidad, esto es lo que digo, que cada hijo y cada madre son únicos y que poco a poco ambos van adaptándose uno al otro, aprendiendo a conocerse, a amarse, a entenderse y que lo que funciona para ellos, es muy probable que no funcione para nadie más.
Con la llegada de los hijos todos nuestros paradigmas se rompen, la vida cambia radicalmente, aquello que significaba normalidad y tranquilidad no existe más y tenemos que reajustarnos, que descubrir una nueva realidad donde ya no somos más un matrimonio, sino una familia, pequeña, pero al fin y al cabo familia. Cuando asimilamos eso y lo aceptamos, es cuando podemos empezar a vivir nuestra maternidad con contentamiento, con la certeza de que eso que estamos viviendo es bueno; y que aunque implica una enorme responsabilidad y un reto incomparable, es también una gran oportunidad de aprendizaje y de bellísimas satisfacciones… ¿o no?
Comentarios...
|
¿Te acuerdas cuando mi mamá...?
¿Qué creían, que ya me he olvidado de que hasta las mamás merecemos descanso? ¡Claro que no! Pero el acelerado fin del viejo año y no menos ajetreado inicio del nuevo año (incluidos gotera en el baño, descompostura de un aparato que aumenta la presión del agua en nuestra casa y un apagón de casi 48 horas provocado por los fuertes vientos) no me habían permitido retomar la lectura y reflexionar.
“Lo más probable es que tus recuerdos más preciados de niña no tengan nada que ver con el esfuerzo que tu mamá invirtió en su papel de madre. De seguro tus mejores imágenes son sencillas: acurrucada con tu mamá, jugando horas con cajas de cartón, ver a tus papás reírse. Sonríes con sólo pensar en esas imágenes.”
. ¿Qué recordarán mis hijos de mí? ¿Cómo recordarán su niñez y qué papel jugaré yo en ella? ¿Pensarán en mí correteándolos para que se tomen las vitaminas? ¿O se acordarán de mi continuo mal humor matutino? ¿O en mis constantes amenazas y advertencias?
Si yo misma miro hacia atrás en estos casi diez años de maternidad no recuerdo con exactitud qué hice cuando mi hijo recién nacido lloraba a causa de los cólicos, pero sí recuerdo su primera carcajada. No recuerdo lo que me indicó la pediatra acerca de cómo debían ser sus primeros zapatos, pero recuerdo su enorme sonrisa al deslizarse por el tobogán en el parque. No recuerdo con exactitud cómo me explicó la maestra de segundo grado que debía apoyarla en casa para enseñarle las tablas de multiplicar, pero recuerdo esa tarde en que él, su hermanita y yo nos acurrucamos en mi cama para leer cuentos. Quiero olvidar el regaño que les di hoy en la mañana al tener que insistirles una y otra vez en que ya era hora de despertarse y alistarse para el colegio; pero no quiero olvidar que ayer no podíamos parar de reír por no sé qué tontería que se nos ocurrió a la hora de la comida.
Quiero tomarme menos en serio y construir para mis hijos las bellas memorias que tendrán sobre mí a lo largo de sus vidas.
Comentarios...
|
De perros
Hoy desayuné con mis amigas: Ari, Dani, Gaby, Mar y Ela. Mientras las escuchaba platicar acerca de perros, no podía más que repetirme "esto lo tengo que escribir".
Cuando el esposo de Ela adoptó un perrito, ella ni siquiera lo dejó llegar a su casa. Si las niñas lo ven, no lo van a querer dejar ir, así que ni lo traigas.
Desde que me acuerdo, Karla, la hija de Dani, quiere un perro. Su amor por los perros es inimaginable. Dani nunca ha tenido un perro, pero su esposo sí y sabe todo lo que implica cuidarlo, alimentarlo y limpiarlo. "Si quieren un perro, bien, pero no sabes lo que es que tu casa huela a perro". Al ver el fuerte anhelo de su hija, un día Dani le dijo que le pidiera un perro a Dios, pero el perro nunca llegaba, así que Dani le dijo: hija, si Dios quisiera darte un perro, ya te lo hubiera dado, el problema no es de Dios, es de tu papá, pídeselo a él. Uy mamá, le dijo Karla, voy a tener un perro hasta que sea veterinaria.
Hace unas semanas alguien le regaló un perrito a Karla, pero una mujer se encargó de decirle a Dani todos los inconvenientes que implicaba tener un perro, así que Dani rechazó el regalo a pesar de las inconsolables lágrimas de Karla.
Pocos días después Karla fue a jugar con Regina, la hija de Ari. Así que hoy Ari le contó a Dani el otro lado de la historia. Karla le dijo a Regina que ya tenía un perrito, que ya lo había cargado y cuidado, pero que una señora le había dicho a su mamá todas las cosas malas que hacen los perros y ya no lo quiso. ¿Y qué cosas malas hacen los perros? preguntó Regina. No sé, pero muchas cosas malas, pues mi mamá ya no lo quiso.
Debo decir que también Regina tiene gran amor por los perros, el cual heredó de su madre, Ari. Hace ya años el esposo de Ari llegó con un cachorrito para sus hijos, cachorrito que creció a grandes (léase ENORMES) dimensiones. Chocolate (que así se llama el perro) fue cuidado por Ari, ella lo entrenó, limpió sus... bueno ustedes me entienden, así que ahora, cuando su esposo dice "huele a perro" o "el perro o yo", Ari aboga por el perro y Regina amenaza a su padre con que cuando yo sea grande voy a tener muchísimos perros en mi casa. No dudo que cuando crezcan Karla y Regina se asocien y pongan un refugio.
Entonces intervino Gaby en la plática, pues resulta que su hija Judy, de tres años, también tiene un amor irrefrenable por los perros, pero a su esposo, Marco, no le gustan. Papi, no te gustan los perros ¿verdad? No ¿y los gatitos? Tampoco... ¡Jamás voy a tener un perrito!
El 31 de diciembre iban Marco y Judy en el auto, él le decía a ella que era el último día del año y que tenían que agradecerle a Dios todo lo que Él les había dado; ante el silencio de su hija Marco le preguntó: ¿o tu qué piensas Judy? Que a mi Dios no me ha dado un perrito.
Pues yo, dijo Mar, me harté de ser la que cuidaba al perro; así que un día lo regalé y para que vean lo mucho que mis hijas ignoraban al pobre animal, se dieron cuenta de su ausencia hasta una semana después. La mayor, que fue la que un día quiso jugar con el perro, lloró, pataleó e hizo gran drama cuando se enteró de que lo regalé, luego fuimos por la menor que estaba en casa de una amiga y en cuanto se subió al auto le dijo "mi mamá regaló al perro" a lo que ella contestó con gran filosofía "bueno mamá, ahora quiero un hamster".
A mí no me gustan los perros, a mi esposo tampoco, mis hijos no han mostrado ningún interés por tener uno; así que por lo menos en ese aspecto, mi vida está tranquila.
Comentarios...
|
Galletas de Jengibre Atemporales
Hace unas semanas, unos cuantos días antes de Navidad, me percaté que nunca había probado las galletas de jengibre y que a pesar de tener la receta y los cortadores de galletas de niño y niña, tampoco nunca las había hecho.
Así que hoy, a pesar de estar totalmente fuera de temporada, mis hijos y yo nos pusimos a hornear galletas de jengibre.
Nos quedaron muy buenas, aunque el decorado dejó bastante que desear. Aún así, pasamos una tarde fenomenal, muy divertida y que aprovechamos para entrar en calor, pues que por acá sigue haciendo bastante frío.
Les dejo la receta, por si quieren hacerla para el día de la Amistad, para Pascua o para las vacaciones de verano... o de plano, para la siguiente Navidad.
(Si no saben qué es algún ingrediente o no entienden el procedimiento, no duden en dejar un comentario preguntando)
1/2 taza de mantequilla o manteca vegetal
1/2 taza de azúcar
1 cucharadita de polvo de hornear
1 cucharadita de jengibre molido o en polvo
1/2 cucharadita de bicarbonato de sodio
1/2 cucharadita de canela en polvo
1/2 taza de azúcar moscabado
1 huevo
1 cucharada de vinagre blanco o de manzana
2 1/2 tazas de harina
1 receta de glaseado de azúcar glass (opcional)
dulces para decorar (opcional)
Con la batidora eléctrica bate la mantequilla o manteca en velocidad media por 30 segundos. Añade el azúcar, el polvo de hornear, el jengibre, el bicarbonato de sodio y la canela. Bate hasta combinar. Sin dejar de batir añade el azúcar moscabado, el huevo y el vinagre. Añade tanta harina como puedas mientras continuas batiendo con la batidora eléctrica, si ya es muy difícil seguir batiendo así, añade la harina restante e incorpora batiendo a mano.
Forma una pasta homogénea, divídela a la mitad, ponla en un recipiente hermético y refrigera por lo menos media hora o hasta que sea fácil manejarla.
Engrasa dos láminas para hornear y aparta. En una superficie ligeramente enharinada, extiende con un rodillo una mitad de la masa hasta que quede de medio centímetro de grosor. Usando cortadores de galletas, corta la pasta y pon las galletas crudas sobre las láminas, dejando un par de centímetros entre cada una. Repite con la mitad de la pasta restante.
Hornea a 180°C (375°F) por 5 a 6 minutos o hasta que las orillas estén ligeramente doradas. Deja enfriar sobre la lámina por un minuto y luego ponlas en una rejilla de alambre para que se enfríen completamente. Si lo deseas, decora las galletas con el glaseado y los dulces.
Para el glaseado:
1 taza de azúcar glass cernida
1/4 cucharadita de extracto de vainilla
1 cucharada de leche
En un tazón pequeño mezcla el azúcar, la vainilla y la leche. Añade, si es necesario, más leche, una cucharadita a la vez hasta que alcance la consistencia que desees (yo le puse mucha más leche y quedó muy líquido y por eso la decoración fue un desastre, porque no pudimos hacer ojitos y boquitas, terminamos por cubrir las galletas completas con el glaseado).
Comentarios...
|
2010
Después de veinte horas despiertos y ocho horas de viaje en avión y auto, recibimos el 2010 en medio de una multitud, con cuenta regresiva, música, gritos y silbatos. Llegamos exhaustos al hotel y caímos rendidos en nuestras camas. Luego tres días más de filas y caminatas que valen la pena cuando sabes que estás en el lugar más feliz y mágico del mundo. Siguieron dos días visitando a una amiga entrañable que terminaron en un vuelo de madrugada para llegar a casa el día de Reyes (que a pesar de nuestra ausencia, dejaron regalos para los niños).
Nos encontramos con un clima inusual en esta ciudad y conforme han pasado los días ha descendido más y más la temperatura. Desde hace dos días no ha dejado de llover y hoy amanecimos a 2°C. Como de todos modos no pensábamos salir, decidimos quitar el árbol y las decoraciones navideñas, guardarlos en el ático hasta el próximo diciembre, junto con las maletas –ya vacías- que seguían desperdigadas en nuestra habitación.
Y pues que ya van nueve días del 2010 y yo apenas he tenido tiempo de percatarme. ¿Propósitos para este nuevo año? No tengo, hace mucho que no hago una lista de resoluciones, he entendido que basta a cada día su propio afán, que lo único que tengo en mis manos es el presente, el instante mismo y que es en el día a día donde aprendo, donde crezco, donde puedo dar y amar, donde puedo cambiar y ser mejor. Mejor y más consciente en mi relación con Dios, en mi matrimonio, en mi maternidad, ser mejor hermana, mejor amiga.
Que ya van nueve días del 2010 y que no me queda más que estar agradecida por esta incomparable oportunidad de seguir viva y disfrutar cada momento de cada día.
Comentarios...
|
Estrés pre-vacacional
Hoy amanecí de malas, no dormí bien por estar pensando en nuestras próximas vacaciones. Aunque las disfruto mucho y agradezco enormemente que mi esposo procure que salgamos de la ciudad un par de veces al año, daría lo que fuera por evitarme los días previos a salir de viaje: me provocan tensión y mal humor.
Investigo el clima del lugar al que vamos, me doy una vuelta por tripadvisor, reviso los servicios del hotel en el que nos hospedaremos.
Les platiqué que me estresa empacar, aún cuando pongo en práctica las sugerencias que alguna vez les di. Quiero viajar ligero y a la vez no quiero olvidar algo; le doy mil vueltas a lo que sí necesitamos y a lo que podemos dejar.
Luego está el afán por dejar el refrigerador vacío... sí, como no vamos a estar durante varios días entonces hago un cálculo exacto de lo que vamos a comer los días previos para que no sobre algo que se pueda echar a perder mientras no estamos.
Calculo si los trastes sucios que usaremos un par de días antes de irnos serán suficientes para meterlos al lavavajillas o si mejor los lavo a mano.
Me gusta dejar todo en orden, toda la ropa lavada (para que no se acumule con la que traeremos sucia después del viaje), las camas hechas, los botes de basura vacíos, puertas y ventanas cerradas, plantas regadas, etc.
Acomodo una y mil veces mi bolsa de viaje, reviso una y otra vez que lleve los documentos necesarios: pasaporte, boletos, reservaciones. Los acomodo en el orden en que los usaré, los pongo en el lugar más seguro, luego los cambio al lugar más accesible; reviso que lleve boli, goma de mascar, algo para entretener a los niños en las salas de espera o durante los trayectos.
Me gustaría ser menos precavida, ir más a la aventura, disfrutar de las vacaciones desde los días previos, pero no es así, para mí las vacaciones comienzan cuando desempaco las maletas en el hotel donde nos hospedamos, es én ese momento cuando empiezo a descansar... en ocasiones como ésta es cuando me caigo muy mal y no me simpatizo ni un poquito.
Comentarios...
|
La Importancia del Aquí y el Ahora
En la página 91 del libro "Hasta las Mamás Merecen Descanso" dice:
"... Es necesario que las madres les ofrezcan (a sus hijos) un modelo de lo que realmente es prestarle atención a alguien, mirando a la gente a los ojos, escuchando e involucrándose en lo que dice la otra persona. Si las madres bajan un poco su ritmo, concentrándose en hacer una sola cosa a la vez, y en hacerla bien, su ejemplo les enseñará a sus hijos cómo conectarse con el momento para vivir con mayor conciencia."
¿Te has sentido orgullosa por ser multifuncional y poder hacer muchas cosas al mismo tiempo; por poder planchar con una mano, mover el guiso con la otra, hablar por teléfono y ayudarle con las tareas a los niños? Yo sí, hasta he alardeado con eso, pero la verdad no debería ser así porque no es saludable.
Hacer tantas cosas al mismo tiempo nos hace perder de vista las cosas realmente importantes, como pasar tiempo con nuestro esposo y nuestros hijos.
Hace una semana estaba realmente agobiada y estresada, pensando en miles de tontos pendientes: "necesito unos zapatos cómodos que pueda usar en clima frío", "tengo que hacer la compra para dos semanas, pues no quiero ir la próxima semana que estará llenísimo", "qué chaqueta llevaré para las vacaciones", "debo comprar lo de la reunión del sábado". Mi esposo me dijo lo que siempre me dice "no te agobies, siempre resolvemos cualquier situación que se nos presente".
Y entonces respiré hondo y recordé el verdadero motivo de la celebración, Aquel por el cual podemos tener estos días de fiesta y en familia; tanto consumismo y tantos compromisos me habían hecho perder de vista que Jesús se hizo hombre para salvarnos y darnos una vida plena y abundante. Y eso es lo que quiero que mis hijos aprendan a través de mi ejemplo; no un fin de año lleno de estrés, sino un fin de año en el que puedo vivir confiada en el amor de Dios.
Comentarios...
|
|
|
|