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¡No sonó el despertador!
Está a punto de terminar el curso escolar y mis hijos, sus maestras y yo, ya estamos funcionando a marchas forzadas.
Desgraciadamente el plan de estudios de nuestro sistema educativo está tan mal hecho, que estas últimas semanas de clases, los niños van al colegio a hacer nada, les dejan llevar juguetes y juegos de mesa, ven películas y salen dos horas y media antes del horario común. Mis mañanas se reducen y lo que suelo hacer en siete horas, tengo que hacerlo en cinco, o hacer todo a medias, o ir con mis hijos a lugares donde generalmente voy sola, como al supermercado y ese tipo de lugares que las mujeres desesperadas visitamos con frecuencia pero que a los niños no les encantan.
Ya no tengo fuerzas para exigirles que se vayan a dormir temprano y por las mañanas a todos nos cuesta un trabajo enorme dejar las cobijas y alistarnos para el colegio.
Hoy me despertó el llanto de mi hija. Abrí los ojos y me percaté de que entraba más claridad por la ventana. ¡Ay no, son las siete y cuarto de la mañana! Hora en la que mi esposo sale con los niños para llevarlos a la escuela. Mi niña lloraba porque hoy podía ir vestida con la ropa que quisiera y no con el aburrido uniforme. “Ya me perdí la oportunidad de ir con la ropa que quería” “No a ver, vamos a apurarnos”. Lo bueno es que ella había dejado lista la ropa desde ayer, le enfundé la blusa y los pantalones en un solo movimiento.
Mientras tanto mi esposo fue a la habitación del niño, quien ya estaba prácticamente vestido. “¿Por qué no nos hablaste si te despertaste antes?” “Los estaba esperando…” ¡¿?! ¿Esperando? No sé para qué, si hubiera querido hacer tiempo para faltar al cole ni siquiera se hubiera puesto el uniforme… ¡no sé! Ya se lo preguntaré.
Bajé corriendo y preparé un refrigerio exprés, qué bueno que ayer horneé pan de manzana y partí sandía. Además les puse un paquete de galletas a cada uno: “expliquen a sus maestras que nos levantamos tarde, a ver si les dejan comer algo antes del receso”.
En fin, un poco de prisa y diversión para romper con el tedio de la rutina matutina.
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Debatiendo con los Deberes
La verdad me considero afortunada, a la hora de hacer los deberes, la gran mayoría de las veces, mis hijos los hacen sin chistar. Además, para ser honesta, es que no les dejan mucho trabajo para hacer en casa... al cabo de una hora ya terminaron, ya guardaron y ya están listos para jugar, leer o cualquier otra actividad.
Sin embargo, últimamente he estado en contacto con otras madres para las cuales el tema "deberes" es de verdad un conflicto y una razón para transformarse en mujeres desesperadas.
La queja de muchas es que los maestros dejan demasiados deberes y que sus hijos pasan prácticamente toda la tarde haciendo planas, resolviendo ejercicios, investigando temas, coloreando láminas y estudiando.
Otras se quejan de que sus hijos no tienen la menor idea de cómo resolver los deberes y que ellas como madres tienen que hacer el trabajo de el maestro, explicándoles cómo se hacen las cuentas o cómo se conjugan los verbos.
Unas más se quejan de que las tareas son tediosas y aburridas.
Hay aquellas que son mártires voluntarias y se sientan al lado de sus hijos a supervisar y verificar la elaboración de los deberes, perfeccionistas de vocación que descubren hasta el más mínimo error para que sea borrado y corregido tantas veces como sea necesario.
Algunas, como una que conocí en la sala de espera de la clase de natación de los niños, que se ponía ella misma, haciendo la letra más infantil de la que era capaz,a llenar las páginas de los libros bajo el argumento de "es que les dejan taaaantos deberes... pobres".
Las que ni se enteran de si hubo trabajo para hacer en casa o no.
Las que preguntan en cuanto el niño sale del cole de qué van los deberes.
Mis hijos hacen los deberes en la cocina, mientras yo limpio y lavo los platos en los que comimos, así que puedo supervisar, sin estar encima de ellos; responder las dudas que tengan y ayudarles cuando me lo piden... pero no me agobio. La primera maestra que tuvo mi hijo en preescolar me enseñó la mejor lección sobre deberes: no tiene que quedar perfecto, los deberes son para que el niño reafirme lo que aprendió en el colegio, si tú los haces, él nunca va a aprender... no hagas por él lo que él puede hacer por sí mismo. Y eso lo he aplicado no sólo en los deberes, sino en muchos otros aspectos de la educación de mis hijos.
Lo mejor es reconciliarse con ellos, enfrentarlos con buena actitud, ser un ejemplo de disposición para nuestros hijos... al fin y al cabo, los deberes se tienen que hacer.
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El misterioso caso del suéter perdido y del agujero en el pantalón
Han pasado apenas cinco días del regreso de mis hijos al colegio y el Campeón, de nueve años, ya perdió y recuperó un suéter y le hizo un agujero a su pantalón.
Campeón ¿dónde está tu suéter? ¿lo dejaste en el salón? ¿en la camioneta? ¿se lo llevó uno de tus compañeros por accidente? Investiga y búscalo. Pero se atravesó el día de Educación Física y ese día nadie lleva suéter, sino ropa deportiva.
A ver, vamos a hacer memoria ¿dónde te lo quitaste? ¿cuándo te lo quitaste? ¿en el receso lo traías puesto? Y es que el Campeón es despistado, pero se aprovecha de que es muy inteligente y amable para solapar esas distracciones y evitarse los regaños. Pero como en esta ocasión no me dejé sonsacar por sus “sí mami, claro que sí, yo lo busco” acompañado de una caída de ojos de “yo sé cuánto me amas”, pues entonces echó mano de su otra arma (no tan secreta, porque bien que lo conozco): el drama ¡¡BUAAAAA, YA LO SÉ, SOY UN TONTO POR PERDER EL SUÉTER!! Ya, calma, solamente búscalo ¿de acuerdo? Tú investiga en el salón y entre tus compañeros; yo por la tarde, antes de recogerte, paso a buscar en las cosas perdidas y si ni tú ni yo tenemos éxito, ni modo, compramos otro, aprovechando que hoy va al colegio la señora que vende los uniformes.
Y así fue precisamente, ni él ni yo tuvimos éxito, así que compramos un nuevo suéter. Antes de salir del colegio le digo: a ver Campeón, déjame meter el suéter en tu mochila (una de esas que se cuelgan a la espalda), la abrí y… ¡el suéter viejo! ¡CAMPEÓN! Saqué el suéter y se lo puse en las narices… ¡AH CIERTO! La maestra me dijo que lo guardara en mi mochila para que no se me perdiera.
Preferí reírme, es más saludable y como no habían pasado ni cinco minutos de la compra del otro suéter, fue fácil devolverlo y recuperar el dinero.
¿El agujero del pantalón? Mientras juegue soccer y se barra sobre la rodilla izquierda, yo tendré que ser una consumidora de parches y una –cada vez más- experimentada costurera.
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Regreso a clases
.Sí, ya sé, todavía quedan varias semanas para seguir disfrutando las vacaciones de verano; sin embargo, no está de más hacer algunas consideraciones para el regreso a clases.
1. Revisa los útiles y uniformes que tus hijos usaron el curso pasado antes de comprar nuevos, quizá algunos puedan reusarse.
2. Si vas a comprar útiles nuevos hazlo lo antes posible, puedes conseguir buenas ofertas por cambio de temporada. (Un día después de que terminaron las clases, fui a una tienda departamental y encontré excelentes ofertas en mochilas, lapiceras y loncheras). Además tendrás más tiempo para ir alistando todo sin que te agarren las carreras.
3. Involucra a tus hijos en todo ese proceso: que te ayuden a forrar libros, a marcar el material con su nombre, etc.
4. Si tus hijos llevan un refrigerio para comer a media mañana, planea un menú semanal o mensual.
5. Si salen de viaje, no planeen unas vacaciones tan saturadas de actividades que ni siquiera puedan descansar ni relajarse; no regresen exactamente un día antes de entrar al colegio otra vez y en medida de lo posible, no regresen cuando las clases ya hayan iniciado.
6. Una o dos semanas antes de que regresen a clases, procuren -en lo posible- retomar el horario para irse a dormir y hagan algunos ejercicios de Matemáticas y Lectura.
7. Verifica en el colegio si tienen algún programa de donación de libros, sobretodo los de consulta. Puedes hacerte de un ejemplar usado y evitar un gasto más.
8. Asiste a las juntas informativas que el colegio organice para conocer a los maestros de tus hijos, así como su sistema de trabajo y evaluación.
9. ¡Diviértete! Siéntete feliz y orgullosa de que tus hijos estén creciendo y alcanzando nuevos logros.
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