Cantar con los niños: ¿angelus o pajarracus?
Siempre he pensado que aunque no tenga talento especial, tampoco canto mal. Un día, sin embargo, me dí cuenta de mi grave error.
Me disponía a acostar a Pin cuando tenía unos 20 meses. Con el pijama puesto y los dientecitos lavados, se acurrucó en mi regazo mientras le leí unos libros. Fuimos a darle un beso a Papá. Después le arropé en su cama, y empecé a cantarle una canción, como siempre.
Vivíamos en una residencia estudiantil internacional que tenía las paredes más bien finas. Estando en la habitación de Pin, si me esforzaba, casi podía oírle a la vecina alemana subrayando los apuntes.
Por eso, las canciones las interpretaba piano. Ese día, sin embargo, estaba orgullosa de mi canción española, y me fui animando progresivamente hasta que acabé dando palmas con Pin.
A media función, un sonido empezó a emitirse en la habitación contigua. Mi vecina cantando a capela. Pero no una canción cualquiera. Una nana – ¿o aria? – en voz de soprano. Una cascada melódica que provenía de ¿una elfa? ¿una ninfa? ¿una princesa en su torre? La vecina estaba compitiendo conmigo, cantando en latín a pleno pulmón.
Carraspeé y dejé de dar palmas. Bajé la voz, aceleré la última estrofa, y omití el “olé” final. Me puse roja como si las paredes fueran transparentes, le dí un beso a Pin, y le dije: —Buenas noches, te dejo con la música encendida para que disfrutes, ¿vale?
Todavía me río recordando el episodio. No había tenido ni idea sobre las dotes musicales de mi vecina. Todos esos meses, le habría salido torcido el subrayado por el impacto de mis graznidos en sus delicados oídos de elfa.
Pero, aún así, he seguido cantando. Cuando los niños son pequeños, no les importa cómo cantamos. Ellos solo quieren la melodía, el ritmo, los gestos, la letra y la compañía. Cantamos cuando estamos tristes y cuando estamos contentos. Cantamos canciones graciosas y canciones profundas. Cantamos para darle las gracias a Dios y adorarle. Cantamos para bailar y para jugar. Cantamos para recordar. El caso es no dejar de cantar. Incluso si descubrimos que nuestros vecinos pertenecen a un coro angelical, nada puede sustituir a unos padres que cantan con sus hijos.
Escrito por www.mujerdehoy.org
Comentarios (3)
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"Nova" dijo...
Me han gustado mucho vuestras anécdotas. ¡Gracias por compartirlas!
07.07.09 a las 00:00
"Triple" dijo...
Insufrible no tiene precisamente un don musical, pero se despierta cantando y solía cantarle cancioncitas a nuestros hijos cuando eran bebés: mientras los bañaba, mientras los vestía, mientras les cambiaba el pañal... hasta que un día, en que el Campeón ya tenía edad para apreciar la música y dar su opinión sobre ella, le dijo: "No cates papi, no cates..."
01.07.09 a las 00:00
"Robi" dijo...
Tengo muy grabado en la memoria cómo nos cantaba mi padre por las noches, y cómo le acompañábamos mis hermanos y yo. Esas canciones me devuelven a una infancia feliz, en la que las últimas horas del día eran tranquilas, hablando del día con mis padres y quedándonos fritos en medio de las canciones... ¡Gracias por recordarme esos momentos!
01.07.09 a las 00:00
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