La palabra más difícil (parte 2)
Ragazzo se encuentra meditando en lo que a él le corresponde: amarme. Pero como este espacio es mío, solo me estoy enfocando a lo que a mí, como mujer, me toca. Y por eso continúo con el tema de la sumisión.
Hace unos años no habría comprendido esta palabra pues no estaba enamorada. Hoy entiendo que la sumisión es una expresión del amor de una mujer hacia un hombre. Es la de consultarle y tomar su decisión como la palabra final (sí, aunque esté equivocado). Es la de buscar su satisfacción y su comodidad (sí, aunque esto implique cocinar todo el día). Es la de respetarlo frente a sus amigos y familiares (sí, aunque estemos acostumbradas a ser burlonas). Es la de permitir que él sea el principal proveedor de la casa (sí, aunque eso signifique abandonar nuestro empleo de tiempo completo).
¿Duele? ¿Incomoda? ¡Por supuesto! Sentimos que esto degrada a la mujer o que nos hace menos. Pero estamos equivocadas.
En los medios de comunicación se ensalza a la mujer profesionista que lidera una empresa. Pero ¿qué de la mujer que cría a sus hijos? Ciertamente la primera luce más atractiva y digna de imitar, pero la segunda está consiguiendo algo eterno que no tiene comparación: el amor incondicional de sus hijos.
Aún no me caso, y sé —no me engaño— que el tema de la sumisión aparecerá día con día, situación tras situación, y que será un diario ajuste a mi forma de pensar. Pero conozco mujeres exitosas —con mucho dinero y puestos envidiables— que nunca tienen tiempo para tomar una taza de café y que no se encuentran satisfechas con la vida. Sus conversaciones son superficiales y poco motivadoras, y de hecho, buscan hacer sentir mal a los demás —aún cuando lo hagan “sin intención”.
Pero también conozco mujeres satisfechas, que han dejado sus trabajos para dedicarse al hogar. Que gozan con cocinar y planchar, con limpiar su casa y hacer la tarea con sus hijos, que visten con feminidad y se interesan por los demás. Con ellas, una taza de café sabe a gloria. Una conversación con ellas culmina en gozo y ánimo, pues son las principales porristas de los que las rodean.
Quizá no sé mucho de sumisión en carne propia; quizá apenas estoy digiriendo lo que la Biblia enseña; quizá me falta mucho por aprender sobre la palabra “sumisión” que abarca mucho más de lo que he escrito; pero si estas últimas mujeres son mi único ejemplo, entonces, sin pensarlo dos veces, deseo imitarlas a ellas, pues eso sí les digo, todas estas amigas mías —a diferencia de las exitosas profesionistas— siguen Innamoratas de sus Ragazzos.
Escrito por © Innamorata
Comentarios (1)
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"Triple" dijo...
Sé que muchas mujeres se escandalizarán con tus palabras, pero están llenas de razón. Yo estoy convencida que la sumisión es la respuesta natural de una mujer al hombre por la cual se sabe amada.
El último párrafo hizo que los ojos se me llenaran de lágrimas.
02.09.09 a las 00:00
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