Es que tiene un grado
Estábamos perreando en casa de mis suegros por la noche, los niños acostados, y los cuatro adultos hablando, charlando, cascando como siempre, y empezamos a cotillear de personas que conocíamos con un nivel de hiperactividad, cuando mi suegra empezó a decir de Menganito, "Tiene un grado. Un grado tiene…" De la hiperactividad pasamos a hablar de otros trastornos que están en auge e, inevitablemente, algún conocido "tenía un grado" hasta que ya, cada vez que salía algún comportamiento o complicación o incluso anécdota graciosa, decíamos de broma, "Es que tiene un grado. Un grado tiene, eh, que lo sé yo…"
Os lo comparto porque esto nos puede ser muy útil, con disculpas previas a los que de verdad tienen un grado (y no lo digo a la ligera, porque mi propia hija tiene un grado de discapacidad, pero ya veréis por dónde van los tiros, que no van por allí)… Digo que nos puede ser muy útil a la hora de excusar comportamientos que nos avergüenzan en público o por los que no nos apetece rendir cuentas. Por ejemplo…
Estás en el supermercado y tu niño da rienda suelta a la rabieta de turno porque no le compras las patatas fritas o el bollo o las pegatinas que quiere. Te está mirando una señora mayor por encima de las gafas; ya sabes que en su día sus hijos nunca hacían lo mismo y le puedes leer los pensamientos, Estos padres modernos, ¿para qué tienen hijos, si no saben nada?… Mírale a los ojos con seriedad, absoluta seriedad, y dile directamente: "Disculpe, es que mi hijo tiene un grado".
Si lo dices con la suficiente seriedad, ni te preguntará "¿un grado de qué?" porque es evidente, tiene un grado, y si cuestiona lo del grado, puede que ella misma quede como que tiene un grado, así que mejor no preguntar. Estoy casi segura de que simplemente asentirá y te echará una mano y luego pensará: "Pobrecita, tan joven, y tiene un hijo con un grado…" Y mientras lo está meditando, tú tranquilizas a tu hijo y sales pitando, no sea que tu hijo vuelva a tener otro grado.
Los grados también pueden sernos útiles en las relaciones con los demás, por ejemplo, en casa, cuando estás de mal humor y te mira la pareja y te pregunta: "¿Y a ti qué te pasa?"
Responde con convicción: "Es que tengo un grado".
Y tu chico, para evitar que le sigas ladrando, seguramente ni indague.
¿Por qué será tan atractiva la excusa del grado? Creo que en el fondo, todos tenemos un grado, un grado de querer tener un grado, de querer que nuestros hijos tengan un grado. Un grado excusable que nos permita evitar ver y tratar con el grado por excelencia del que somos responsables, que causa nuestro mal comportamiento, nuestros berrinches, nuestro mal humor. Pero, claro, eso ya es un asunto más complicado, porque ¿quién le va a decir a la señora del súper: "Disculpe, es que mi hijo se piensa que el mundo gira alrededor suyo"? O ¿quién le va a decir a la pareja, "Perdona, he sido egoísta y no te he tratado con amor"? En definitiva, ¿quién va a reconocer: "Lo siento mucho, es que mi hijo es pecador, y yo también"?
Escrito por Nova
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